jueves 12 de noviembre de 2009

Soneto para una musa (a lo Sabina)

(Publicación original: 3 de octubre de 2007)

Esta noche mi traje es de tres piezas,
esta noche me visto con sombrero,
esta noche seré el mejor torero,
esta noche hay champaña con cerezas.

Esta noche has venido a visitarme
con tu magia sutil, con tu cintura,
con tu olor, con tu voz, qué calentura,
yo no sé cómo la voy a curarme.

Parece que el eco de tus tacones
me hace sentir cosquillas en el alma,
me hace pensar en qué hay bajo tu falda.

Esta noche te escribo tres canciones,
esta noche no perderé la calma,
esta noche me tienes en tu palma.

No hay crudo que no sea humilde

Publicación original: 25 de septiembre de 2007

Con la temporada festiva recientemente inaugurada por el 15 de septiembre y que suele extenderse de manera ya constante hasta bien entrado enero, es pertinente traer a la mesa, con afán puramente académico, a una invitada siempre incómoda: la resaca.

Así como a la noche le sigue el día, los excesos de bebidas etílicas, comidas no saludables, diversas sustancias fumables, risa y diversión nocturnas, bailes y bromas, caricias amatorias en diferentes grados y a distintas personas, y desvelos increíbles; suelen estar seguidos por una mañana, un día o varios de malestar físico, dolor de cabeza, arrepentimientos, paranoia, depresión, nausea y otros síntomas que, en su conjunto, reciben el universal nombre de cruda.

La voz del pueblo, siempre sabia, ha acuñado algunas frases descriptivas de lo que se siente, como "Diosito, si en la parranda te ofendí, en la cruda me sales debiendo", o "Si no supiera que es cruda, dejo que me operen". Mi favorita es la que da título a este relato. Me la enseñó un viejo lobo de mar, el mismo que cuando alguien dijo, "yo nunca he tenido una cruda de esas", respondió, "No has vivido".

Hay varios tipos de cruda. La primera es la física, que se caracteriza por tener la boca completamente seca y con un aliento como de jaula de pájaro muerto; la presión arterial elevada y el pulso acelerado; hipersensibilidad a la luz y al ruido y un sentimiento difuso y general de extrema incomodidad. Mi Primo, experto en menesteres de la noche, me explicaba que cuando a la mañana siguiente uno se despierta con la lengua blanca es signo inequívoco de cruda. "No hay que tomar agua, porque hace daño, y mucho menos de sandía, porque te puedes morir." Su recomendación es enfundarse en unos pants y una gorra y salir a buscar unos buenos tacos de carnitas o de barbacoa, y acompañarlos de una michelada de cerveza con clamato. Mi hermana, por cierto, prepara unas tan extraordinarias que le digo que son de comandante. Ella recomienda comer dulces y después ir al Fisher’s y pedir tres o cuatro shots del caldo de camarón que ofrecen de botana. Personalmente, creo que no hay más que alternar diversos ciclos comida/sueño hasta que los síntomas vayan cediendo. El segundo tipo de cruda es la moral, caracterizada por el arrepentimiento, la vergüenza y frases del tipo "no vuelvo a tomar de esa manera" o "no lo vuelvo a hacer". La cruda moral ataca con más fuerza cuando hemos besado a quien no se debe, golpeado o sido golpeados por una discusión estúpida, respondido envalentonados a los reclamos de progenitores o parejas, y un largo etcétera. Los efectos, dependiendo de la gravedad de la ofensa, duran desde unas horas hasta varias semanas, y son más intensos cuando se presentan períodos de pérdida de la memoria o "blackouts". Mi Primo me solía llamar en las mañanas de domingo: "¿Qué paso ayer, wey?" Y yo: "¿Pues hasta dónde te acuerdas?" y él "pues estábamos chupando tranquilos en la mesa", "Ah, pues luego te paraste a..." y me interrumpía: "SSSSSSHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!! NO ME DIGAS NADA, NADA, NADA, NADA!!! Sólo dime si no hice nada malo!!!!" "No, tranquilo, todo bien" "SEGURO??? No hice el ridículo ni nada? O sea ningún oso, nada, nada, nada, nada?"

Por eso, es siempre mejor seguir la máxima de Chazz: Si no te acuerdas, no pasó.

El tercer tipo de cruda es la financiera, que suele seguir a los períodos de "autosuficiencia moral y económica" donde el contertulio, de manera indiscriminada, se vuelve hermano de sangre de todo ser que se encuentre a su alrededor (humano, animal o vegetal) y utiliza repetidamente expresiones como "yo invito", "otra ronda para todos", "pide otro pomo que yo pago", etc. De esta manera se agotan el efectivo, el crédito plástico y hasta se pide fiado en establecimientos de confianza. Las visitas after-hours a los table dance generalmente producirán este tipo de resaca, al acceder el bohemio alegremente a que le traigan "copas a las damas". Por ello, el parrandero profesional y prudente irá siempre al encuentro de la noche como se va al casino: sólo con el efectivo que se esté dispuesto a perder y sin tarjetas. Hay una causal secundaria de cruda financiera, y es la que tiene que ver con el extravío, obsequio o destrucción de relojes, cámaras, celulares y otros bienes materiales.

Por supuesto, la resaca más perniciosa se presenta cuando se conjuntan los tres tipos a la vez, y es conocida como la cruda trifásica: física, moral y económica.La cruda trifásica suele seguir a una parranda que recorre al pie de la letra todas las etapas enumeradas en esa memorable lista que comienza con el "copeo leve con botana", avanza hasta los "cantos y bailes regionales", la "exaltación de la amistad y el parentesco", los "vituperios al clero y al estado", pasa por la ya mencionada "autosuficiencia moral y económica", la "destrucción del inmueble", el "desalojo violento del inmueble", y llega al "recuento de los daños físicos y pérdidas materiales".

Salud y larga vida!

martes 3 de noviembre de 2009

Las delicias que nos llevamos a la boca

Publicación original: 11 de septiembre de 2007

Mi saludable y recién adoptado estilo de vida me tiene en un bien intencionado intento por comer en orden, no fallarle a sacudir los huesos y acostarme temprano. Para empezar bien el día, me bebo en ayunas una sabrosa mezcla que se monta en un caballito, y que lleva aceite de pescado, aceite de oliva y unos jugos raros de algas marinas.

Mi refinado paladar ha llegado, después de algún tiempo, a incluso apreciar el sabor exquisito del coctel. Por eso, cuando hoy en la mañana me lo tomé de un golpe, mi sorpresa fue mayúscula al recibir en la lengua un intensísimo sabor a pescado salado, en la garganta un raspón como del mezcal más cantinero que he probado y en el estómago un golpe de plomo caliente.

Me levanté, gesticulando a lo Marceau y declamando un florilegio de poesía vernácula, a investigar (que para algo soy detective) qué diablos había pasado. Cuando me vio venir, la niña nueva que ayuda en casa quiso escapar al arresto y después resistirse al interrogatorio. Por fortuna mi experiencia en técnicas de tortura inquisitiva es mucha y pronto confesó."Pues me dijeron que le pusiera del jugo de pescado", dijo mostrándome una botella de un extracto, saladísimo y concentrado, que uso a gotas para cocinar platos orientales.

Al tercer yogurt que me comía para tratar de quitarme el sabor ya me estaba riendo y acordándome de otras aventuras similares:

De niño, con mi primo en el súper, nos dedicábamos a probar todo el buffet de muestras que, de obsequio o no, se extendía ante nosotros. Después de escupir una repugnante y pastosa sustancia blanca me dí cuenta de que los cuadritos que yo pensaba de queso eran en realidad de manteca de cerdo.

Regresando a casa de madrugada, después de suficientes tragos, abrí la alacena para encontrarme con un botellín de jugo de manzana, extrañamente abierto pero del color correcto. Después del gran trago propio de la hora y el subsecuente brinco escupidor hasta el lavabo, usé con más cuidado los sentidos para descubrir que era aceite quemado, que habían vaciado ahí después de freír vaya usted a saber qué.

Otra vez llegué totalmente exhausto después de jugar un largo partido de americano, y en el refri hallé una gran jarra de agua de limón, a la que procedí a darle, sin el trámite del vaso, unos tragos de caballo. ¿Saben qué era? Caldo de pollo. Refrigerado, por supuesto.

Y yo es que no entiendo las ocurrencias de quien pone esas cosas en esas presentaciones. Parece a propósito.

Ah, y me han contado de un tío que llegó una vez después de la fiesta, con la turbación sensorial y el hambre atroz que sólo dan de madrugada, y se zampó, hasta dejarla limpia, la olla completa del guisado mixto que le habían hecho a los perros, con sobras, huacales, pellejos e imagínense qué no.

Guácala